El síndrome de apnea obstructiva del sueño en niños se ha convertido en uno de los principales problemas de la sanidad pública a la luz de los resultados de diferentes estudios desarrollados en los últimos años. Por una parte, destaca el creciente número de pacientes infantiles que padecen la enfermedad. Por otro lado, las diferencias sustanciales que manifiesta la enfermedad con respecto a los organismos adultos, como la resistencia de la vía aérea superior al colapso durante el sueño, que es mucho menor en niños.

La apnea del sueño está relacionada, en los casos infantiles, con un mayor riesgo de padecer déficits cognitivos y de comportamiento. Asimismo, los niños que padecen esta enfermedad, tienen una mayor probabilidad de desarrollar problemas cardiovasculares y pulmonares.

Del mismo modo, el riesgo de padecer alteraciones metabólicas, aumenta en pacientes de apnea. Los problemas más frecuentes son la resistencia a la insulina, dislipidemias (alteración de las concentraciones de lípidos en sangre), enuresis nocturna (pérdidas de orina nocturna) y somnolencia durante el día.

En este sentido, la ponencia de la doctora Leila Kheirandish Gozal en la 50ª edición del Congreso SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica), presentó una idea de vital importancia: es preciso identificar biomarcadores fiables que establezcan una relación entre problemas de obesidad mórbida en niños que padecen apnea del sueño, para así poder diseñar intervenciones terapéuticas concretas.

Los últimos estudios presentan demuestran que la adropina y los niveles circulantes de la proteína C-reactiva podrían ser un biomarcadores, que ayuden en la tarea de encontrar un tratamiento para la relación entre obesidad y apnea del sueño.

No obstante, determinar cuáles son estos biomarcadores es una tarea compleja, en la que infieren factores biológicos (presencia de la enfermedad, determinantes genéticos) y factores ambientales (dieta, contaminación, actividad…). No obstante, este es el rumbo que han tomado las investigaciones, que avanzan, aunque de forma lenta por la falta de financiación, para acotar con certeza a la población pediátrica en riesgo.