Desde el primer instante de nuestra vida, el organismo comienza un proceso imparable y necesario para vivir: la respiración. Se trata de un viaje que realiza el aire desde la nariz hasta los bronquios y alvéolos pulmonares, hasta donde llega el 21% del oxígeno imprescindible para el funcionamiento de nuestros órganos vitales.

La respiración es automática, ni siquiera nos damos cuenta de ello hasta que el paso del aire por las vías respiratorias se ralentiza, sufrimos “disnea a pocos esfuerzos, tos matutina, presión, mocos y sibilancias (pitos en el pecho)”, explica Carmen Cabrera, coordinadora del equipo de enfermeros de Salud en casa. Estos son los primeros síntomas de una enfermedad respiratoria, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), que afecta a más de 328 millones de personas, según la OMS, y supone la quinta causa de muerte en todo el mundo.

Ante las primeras sospechas del médico, la espirometría es una de las pruebas para el diagnóstico de EPOC, que mide la capacidad pulmonar y la obstrucción de la vía aérea. Desde su dilatada experiencia en el tratamiento de esta patología respiratoria, Carmen explica cómo la otra de las pruebas - objetiva, medible - es la pulsioximetría “que mide la baja saturación de oxígeno en sangre. Es muy fácil de utilizar, nada invasiva y, además, rápida”.
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¿Qué determinará el tratamiento? El resultado de ambas pruebas. De esta forma, “la espirometría puede estar muy alterada -aclara, Carmen - que si el paciente tiene buena saturación no se prescribe oxígeno y si broncodilatadores”. Sin embargo, la oxigenoterapia es el tratamiento más eficaz para el paciente que, tras una pulsioximetría, presenta Hipoxemia - alteración del oxígeno en sangre por debajo del 90%-.

La oxigenoterapia se indica, como aclara la enfermera Cabrera, “de forma continua durante 16 o 18 horas, con un periodo de descanso por la mañana o por la tarde, de 6 a 8 horas”. Durante ese tiempo, un concentrador de oxígeno les acompañará para poder respirar. “Lo más importante aquí - incide - es mantener su uso durante el sueño”. En ese periodo el paciente recibe, a través de unas gafas nasales, el oxígeno que el concentrador transforma del aire ambiente.

Los concentradores eléctricos estáticos o portátiles, y el oxígeno líquido o en bala, son los dispositivos indicados. “Los pacientes con una baja saturación oxígeno de forma continua- detalla Carmen- necesitan un equipo en sus casas -oxigenoterapia domiciliaria-, a través de un concentrador estático eléctrico”, que proporciona grandes prestaciones, por su comodidad y fácil manejo.

Otros pacientes tienen desaturaciones durante el ejercicio: “el organismo tiene una demanda más amplia de oxígeno y no es capaz de coger todo el que necesita”. En estos casos, que representan entre el 30% y el 40% de los pacientes con EPOC, la recomendación es la oxigenoterapia en deambulación, a través de concentradores portátiles, “con un sensor que detecta la respiración del paciente y manda un volumen de oxígeno determinado”. Sin embargo, estos dispositivos tienen ciertas limitaciones para determinados enfermos, “una serie de respiraciones por minuto”, señala la enfermera.

Por ello, el oxígeno líquido es la tercera de las opciones, pequeñas “botellas” recargables cuya duración es de hasta 5 horas. ¿Su ventaja? “El flujo continuo de oxígeno, y su fácil adaptación para niños y adultos”. Sin embargo, como bien insiste la coordinadora de enfermería,“no hay una recomendación específica para cada paciente”. El secreto está en “el juego entre los dispositivos”. De su uso dependerá el aumento de la supervivencia de los enfermos con EPOC e Insuficiencia Respiratoria Crónica (IRC)